miércoles, 3 de julio de 2013




ESTE 23 DE JUNIO SE CUMPLIO UN SIGLO DEL NACIMIENTO DE ALAN TURING
El día 23 de julio de este año, se cumplieron ciento 2 años del nacimiento de Alan Turing, según muchos una de las grandes mentes de la era moderna, junto con Tesla o Thomas Edison.

Entre sus grandes logros podemos enmarcar sus estudios de la computabilidad y su genialidad a la hora de desencriptar las claves de las cajas enigma alemanas durante la Segunda Guerra Mundial.

Alan Turing nació en el 23 de Junio de 1912 en Londres (Inglaterra), y desde edades muy tempranas demostró una gran capacidad intelectual (aprendió a leer a muy pronta edad de forma autodidacta en solo tres semanas), y durante su infancia demostró un gran interés por los rompecabezas y los enigmas matemáticos.

Alan era un joven optimista y amante de los estudios, en concreto por las críticas de Einstein sobre las leyes de Newton, que le enseñaría su gran amigo Christopher Morcom. Este último fallecería por culpa de la tuberculosis bovina de forma repentina el 13 de febrero de 1930, cambiando la percepción de la vida de Alan (este se hizo materialista y ateo, pues además de gran amigo Morcom fue su primer amor).

Sus estudios superiores serían en el Kings College de Cambridge, centro del que terminaría siendo profesor, y allí desarrollaría su famoso estudio "Los números computables, con una aplicación al Entscheidungsproblem" (publicado en 1936). En el marca la espina dorsal del estudio de la teoría de la computación en el cual habla sobre sus maquinas, y el Entscheidungsproblem, en el que demuestra que no hay solución para el problema de decisión, y que en las susodichas máquinas, el problema de parada es irresoluble, pues no es posible decidir algorítmicamente si estas llegarán a pararse o no.

Durante la segunda guerra mundial, aportó su enorme granito de arena ayudando a descifrar las máquinas enigma alemanas, y ayudando así a anticipar los ataques enemigos sobre Inglaterra.
La decadencia de Alan llegaría en 1952, pues fue acusado de homosexualidad, un delito en la Inglaterra de la época, y él mismo, se declaró culpable, pues efectivamente lo era. Víctima del sistema, se le dio la opción de recibir un tratamiento hormonal o ir a la cárcel, aceptando la primera, que a través de inyecciones, le crearía malformaciones físicas que le llevarían a encontrar su propia muerte en 1954, según algunas fuentes con una muerte involuntaria por intoxicación química, y según otras, se envenenó con cianuro inyectado en una manzana, dándole apenas unos mordiscos antes de perecer.

¿A qué no lo sabías?
Cuenta la leyenda que el logotipo de la marca Apple (una manzana mordida) tiene su origen en el pequeño homenaje a uno de los padres de la informática por su forma de suicidio
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Delpo va por el récord de Nalbandian


El tandilense cosechó el pase a semis por primera vez en su carrera. Con este logro, superó a Vilas. Ahora va por Nalbandian, el mejor argentino en la historia del tercer Grand Slam del año. Chocará frente a Djokovic, a quien le ganó la medalla de bronce en el mismo escenario.

Es increíble: mientras el físico le pedía a Juan Martín Del Potro abandonar Wimbledon, las ganas le exigían al menos intentar dejar una huella más en la historia. En la previa al duelo de los octavos de final frente al italiano Andreas Seppi, el tandilense, quien puso en duda su participación, soñaba con superar la barrera de esa instancia y conseguir un espacio entre los ocho mejores, algo jamás logrado. Pero la mejor raqueta albiceleste no solo quebró ese desafío, sino que además venció hoy al español David Ferrer y se instaló en las semis del tercer Grand Slam de la temporada, un hecho que solo supera otro histórico del listado de Argentina: David Nalbandian.


Gritalo Delpo. La Torre de Tandil se instaló en las semis de Wimbledon por primera vez en la historia.


Delpo sabía que tenía la inmejorable chance de cosechar su máxima producción en la Catedral del tenis, y pese a que su físico está en jaque, no desaprovechó la chance y consiguió su mejor logró en este torneo. El tandilense llegó a esta instancia tras dejar en el camino al español Albert Ramos, al canadiense Jesse Levine, al esloveno Zemlja, al italiano Seppi y a Ferrer.
Hoy Delpo logró superar una nueva barrera y se instaló por primera vez en su carrera en las semis de un torneo muy particular que basó sus acciones en las sopresas y lesiones. Dejó fuera de competencia demasiado pronto a los mejores tenistas de listado: el suizo Roger Federer (3), el español Rafael Nadal (5) o el francés Jo-Wilfried Tosnga (7).
Con esta última conquista ante el cuarto mejor tenista del ranking de la ATP, la Torre de Tandil superó al gran Guillermo Vilas, el tenista más ganador de la historia albiceleste, quien nunca se sintió cómodo en Londres, de hecho hasta llegó a expresar: "El pasto es para las vacas", en clara referencia al césped del torneo británico. La máxima expresión de Willy en esta competencias fueron los cuartos de final.
Hasta el 2013, el tandilense, que reescribió su historia en el tercer Gran Slam de la temporada, tenía como mejores antecedentes sobre el césped inglés los octavos de final en 2011 (perdió con Rafael Nadal) y 2012 (cayó ante David Ferrer). Aunque también consiguió en idéntico escenario la medalla de bronce el año pasado en los Juegos Olímpicos tras vencer nada menos que al serbio Novak Djokovic, líder del ranking mundial.
Pero luego de la conquistas ante Seppi y Ferrer, la joven promesa nacional alcanzó al histórico Vilas y ahora planea, si su rodilla se lo permite, dar el golpe hacia la final en la fábula de Wimbledon, y de paso romper el récord de Nalbandian, quien alguna vez, con su mejor tenis, accedió a la definición.
El paso de la Torre de Tandil por Wimbledon es arrollador: ganó cinco partidos sin ceder un solo set. Cifra que invita a compararlo con las grandes leyendas del tenis argentino. Vilas se metió entre los mejores ocho del torneo en dos ocasiones, 1975 y 1976. Mientras que Nalbandian, había sido el último representante nacional en llegar a cuartos de final, en 2005, y el único en jugar una la final de hombres, en 2002. En esa histórica oportunidad, cayó ante el por entonces número uno del mundo, el australiano Lleyton Hewitt en sets corridos: 6-1, 6-3 y 6-2.
Vale destacar que en el rubro femenino la historia es bien diferente. Gabriela Sabatini, la mejor tenista albiceleste, tuvo grandes actuaciones sobre el verde césped del All England. Jugó tres semifinales (1986, 1990 y 1992) y una final (1991), donde perdió ante la eterna rival: la alemana Steffi Graf por 6-4, 3-6 y 8-6.




Buenas soy Kaus24.

Hoys os traigo el segundo gameplay de la serie de WRC Safary en la que acabamos de correr en suecia y la ganamos pero no puedo decir como llego a meta. Lo mismo entero lo mismo a pedazos pero llego aunque lo mejor esta por venir, Permaneced atentos a las novedades.

Espero que disfrutéis de este gameplay y los compartáis chicos.


link: http://www.youtube.com/watch?v=etwLioCVdTg



Mi canal. Suscribanse si os gustan mis vídeos (Por si algún dia dejo flotinga):



Mis agrupaciones:







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Se supone que la hora de dormir debe ser un momento feliz para un niño cansado; para mí era aterrador. Mientras algunos niños pueden quejarse por ser enviados a la cama antes de que hayan terminado de ver una película o jugar su videojuego favorito, cuando yo era un niño, la noche era algo a lo que temer realmente. En algún lugar de mi mente lo sigue siendo.

Como alguien que ha sido instruido en las ciencias, no puedo demostrar que lo que me pasó fue objetivamente real, pero puedo jurar que lo que experimenté fue terror genuino. Un miedo que en mi vida, me alegro de decir, nunca ha sido igualado. Voy a relatarles todo lo mejor que pueda; tómenlo como mejor les convenga. Yo estaré contento con sólo sacarlo de mi pecho.

No puedo recordar exactamente cuándo inició, pero mi aprensión hacia conciliar el sueño parecía corresponder con haber sido trasladado a una habitación propia. Tenía ocho años de edad entonces, y hasta ese momento había compartido una habitación con mi hermano mayor. Como es perfectamente comprensible para un niño cinco años mayor que yo, mi hermano finalmente pidió una habitación para él solo y, como resultado, se me entregó la habitación en la parte trasera de la casa.

Era una habitación pequeña, estrecha, y sin embargo extrañamente alargada, lo suficiente como para alojar una cama y un par de muebles, pero no mucho más. Realmente no podía quejarme; incluso a esa edad, comprendía que no teníamos una casa grande y no tenía ningún motivo válido para estar decepcionado, puesto que mi familia era tanto amorosa como protectora. Fue una infancia feliz, durante el día.

Una ventana solitaria daba a nuestro jardín trasero, nada fuera de lo común, pero incluso durante el día la luz que se colaba en esa habitación parecía casi vacilante.

Mientras que mi hermano recibió una nueva cama, a mí me dieron la litera que solíamos compartir. Aunque me sentía mal por tener que dormir a solas, estaba emocionado ante la idea de poder dormir en la cama de arriba, lo que me parecía mucho más audaz.

Desde la primera noche recuerdo una extraña sensación de malestar abriéndose paso desde el fondo de mi mente. Me tumbé en la cama de arriba, observando mis figuras de acción y coches regados sobre la alfombra azul. En tanto batallas y aventuras imaginarias tenían lugar entre los juguetes del piso, no podía evitar sentir que mis ojos estaban siendo lentamente arrastrados hacia la litera de abajo, como si algo se moviera en el rabillo del ojo. Algo que no quería ser visto.

La cama estaba vacía, hecha impecablemente con una manta azul oscuro que cubría parcialmente dos almohadas blancas algo flácidas. No reflexioné más sobre ello en aquel momento, era un niño, y el ruido de la televisión de mis padres deslizándose por debajo de mi puerta me envolvía en una cálida sensación de seguridad y bienestar.

Me quedé dormido.

Al ser despertado de un sueño profundo por algo en movimiento, agitándose, te puede tomar un momento para realmente darte cuenta de lo que está sucediendo. El velo del sueño se cierne sobre tus ojos y oídos incluso cuando estás lúcido.

Algo se movía, no había ninguna duda al respecto.

Al principio no estaba seguro de lo que era. Todo estaba oscuro, casi completamente negro, pero entraba suficiente luz desde afuera como para distinguir los contornos del estrecho y sofocante cuarto. Dos pensamientos aparecieron en mi mente simultáneamente. El primero era que mis padres seguían en la cama, porque el resto de la casa estaba a oscuras, y en silencio. El segundo pensamiento se concentró en el ruido. Un ruido que obviamente me había despertado.

Mientras las últimas telarañas del sueño se desvanecían de mi mente, el ruido tomó una forma más familiar. A veces el más simple de los sonidos puede ser el más desconcertante; una brisa fría meciendo un árbol, los pasos de un vecino incómodamente cerca, o, en este caso, el simple sonido de sábanas revolviéndose en la oscuridad.

Eso era, sábanas revolviéndose en la oscuridad como si un durmiente perturbado estuviera tratando de ponerse cómodo en la cama de abajo. Me quedé inmóvil, reteniendo el pensamiento de que el ruido era o mi imaginación, o tal vez sólo mi gato buscando en donde pasar la noche. Fue entonces cuando noté la puerta, cerrada como lo había estado antes de que me quedase dormido.

Quizá mi madre había venido a chequearme y el gato se había escabullido en mi habitación.

Sí, eso debió de haber sido. Me volví hacia la pared, cerrando los ojos con la vana esperanza de que pudiera volver a dormirme. Mientras conciliaba el sueño, el movimiento de debajo de mí cesó. Pensé que había espantado a mi gato, pero pronto me di cuenta de que el visitante en la cama de abajo era mucho menos mundano que mi mascota tratando de dormir, y mucho más siniestro.

Como si hubiera sido molestado, descontento por mi presencia, el durmiente perturbado comenzó a revolverse y girar violentamente, como un niño haciendo un berrinche en su cama. Podía oír las sábanas torcerse y girar con una ferocidad cada vez mayor. El miedo se apoderó de mí entonces, no en la misma manera sutil en que lo había experimentado hace un momento, sino que ahora era potente y sobrecogedor. Mi corazón se aceleró en tanto mis ojos se dilataron, escudriñando la oscuridad casi impenetrable.

Dejé escapar un grito.

Como la mayoría de los niños hacen, instintivamente llamé a mi madre. Podía escuchar pisadas desde el otro lado de la casa, pero en cuanto di un suspiro de alivio porque mis padres venían a salvarme, la litera de repente empezó a temblar violentamente como si estuviera siendo sacudida por un terremoto, chocando repetidamente contra la pared. No me atreví a saltar de la cama por temor de que la cosa abajo se me acercara y me atrapara, llevándome hacia la oscuridad, así que me quedé allí, con los nudillos blancos atrayendo las sábanas hacia mí como un manto de protección. La espera me pareció una eternidad.

La puerta finalmente, y gracias a Dios, se abrió de golpe, dejándome inmóvil bajo la luz, mientras que la litera de abajo, el lugar de descanso de mi visitante no deseado, permanecía vacío y silencioso.

Yo lloraba y mi madre me consolaba. Lágrimas de miedo, y luego de alivio, corrían por mi cara. Sin embargo, a pesar de todo el horror, no le dije por qué estaba tan asustado. No puedo explicarlo, pero era como si lo que sea que hubiera estado en esa cama volvería con que siquiera hablara de ello, o pronunciara una sola sílaba de su existencia. Si eso era así en verdad, no lo sé, pero cuando era niño sentí como si esa amenaza invisible se mantuviera cerca, escuchando.

Mi madre se acostó en la cama vacía, prometiéndome que estaría allí hasta la mañana. Eventualmente mi ansiedad se calmó, el cansancio me obligó a dormir de nuevo; pero permanecí inquieto, despertando continuamente al sonido de sábanas revolviéndose.

Recuerdo que al día siguiente quería ir a cualquier parte, estar en cualquier parte, excepto en aquella habitación estrecha y sofocante. Era sábado y pasé jugando afuera muy contento con mis amigos. Aunque nuestra casa no era grande tuvimos la suerte de tener un extenso jardín en la parte posterior. Jugábamos allí a menudo, pues gran parte se había dejado crecer y podíamos ocultarnos en los arbustos, escalar el enorme árbol de sicomoro que sobresalía por encima de todo, y fácilmente imaginar que estábamos en una aventura fantástica, en alguna tierra exótica salvaje.

Aunque todo era muy divertido, ocasionalmente dirigía mi mirada a esa pequeña ventana; ordinaria, delgada, inocua. En el exterior, el exuberante entorno verde de nuestro jardín acompañado de las caras sonrientes de mis amigos no pudo extinguir la sensación que recorría mi espina dorsal. La sensación de que había algo en esa habitación observándome jugar, esperando la noche cuando estuviera solo, entusiasmadamente lleno de odio.

Puede sonarles extraño, pero cuando mis padres me dejaron solo de nuevo en esa habitación por la noche, no dije nada. No protesté, ni siquiera inventé una excusa de por qué no podía dormir allí. Simplemente entré en la habitación disgustado, subí los pocos escalones hacia la cama de arriba y luego esperé. Ahora que soy adulto estoy contando a todos acerca de mi experiencia, pero incluso a esa edad me sentía casi tonto de hablar de algo para lo que en realidad no tenía evidencias. Estaría mintiendo, sin embargo, si digo que esa fue la razón principal; todavía sentía que esa cosa se enfurecería con que siquiera hablara de ello.

Es curioso cómo ciertas palabras pueden permanecer ocultas de tu mente, sin importar cuán flagrantes o evidentes sean. Una palabra me llegó esa segunda noche, cuando estaba acostado en la oscuridad solo, asustado, consciente del cambio en el ambiente; un engrosamiento del aire, como si algo más lo hubiera desplazado. Al escuchar los primeros movimientos ocasionales de la ropa de cama de abajo: el primer incremento ansioso en mi ritmo cardiaco. Esa palabra, una palabra que había enviado al exilio, se filtró a través de mi conciencia, liberándose de toda represión y tallándose a sí misma en mi mente.

«Fantasma».

En lo que ese pensamiento vino a mí, me di cuenta de que mi visitante no deseado había dejado de moverse. Las sábanas de la cama yacían tranquilas y quietas; pero habían sido reemplazadas por algo mucho más aterrador. Una lenta, rítmica y áspera respiración escapaba de la cosa de abajo. Me podía imaginar su pecho subiendo y bajando con cada respiración sórdida, sibilante y confusa. Me estremecí, y deseé, más allá de toda esperanza, que se fuera sin incidentes.

Entonces algo inconfundiblemente escalofriante sucedió: se movió. Se movió de una manera diferente que la de antes. Cuando se agitaba en la cama parecía inmotivado, descontrolado, casi animal. Este movimiento, sin embargo, fue impulsado por la conciencia, con propósito, con un objetivo en mente. Pues esa cosa que yacía en la oscuridad, esa cosa que parecía estar decidida a aterrorizar a un niño, tranquilamente y con indiferencia, se sentó. Su dificultosa respiración se había vuelto más ruidosa ahora que sólo un colchón y unas cuantas tablillas delgadas de madera separaban mi cuerpo de ello.

Me quedé inmóvil, mis ojos se llenaron de lágrimas. Un miedo que las meras palabras no pueden expresar ni a ustedes ni a nadie corría por mis venas. Me imaginé cómo luciría esa cosa sentada ahí, escuchando desde debajo de mi colchón, esperando obtener la más mínima señal de que estaba despierto. La imaginación entonces se convirtió en una realidad desconcertante. Comenzó a tocar las tablillas de madera sobre las que mi colchón se sostenía. Parecía que las tocaba con cuidado, llevando lo que me imaginaba que eran dedos y manos a lo largo de la superficie de la madera.

Luego, con mucha fuerza, hizo presión entre dos tablillas, en el colchón. Incluso a través del relleno, se sintió como si alguien me hubiera metido violentamente sus dedos en mi costado. Dejé escapar un alarido y la sibilante y temblorosa cosa en la cama de abajo respondió a ello haciendo vibrar la litera, como lo había hecho la noche anterior.

Una vez más fui bañado en luz, y allí estaba mi madre, amorosa, preocupándose por mí como siempre lo hacía, con un abrazo reconfortante y palabras tranquilizadoras que eventualmente atenuaron mi histeria. Por supuesto, ella me preguntó lo que me pasaba, pero no pude decirle, no me atreví a decirle. Simplemente dije una palabra una y otra y otra vez.

«Pesadilla».

Este patrón de acontecimientos continuó durante semanas, si no meses. Noche tras noche me despertaba al sonido de sábanas revolviéndose. Gritaba cada vez, como para no darle a esa abominación tiempo para que me tocara y me «sintiera». Con cada grito la cama se sacudía violentamente, deteniéndose con la llegada de mi madre, quien pasaría el resto de la noche en la cama de abajo, aparentemente ignorante de la fuerza siniestra que torturaba a su hijo por las noches.

En varias ocasiones me las arreglé para fingir estar enfermo y pensé en otras razones no-del-todo-ciertas para dormir en la cama de mis padres, pero la mayoría de las veces estaba solo en ese lugar por las primeras horas de cada noche.

Con el tiempo puedes desensibilizarte de casi cualquier cosa, sin importa cuán terrible sea. Me había llegado a dar cuenta de que, por cualquier razón que fuera, esa cosa no podía hacerme daño cuando mi madre estaba presente. Estoy seguro de que lo mismo se aplicaría con mi padre, pero por más amoroso que él fuera, despertarlo de su sueño era casi imposible.

Después de unos meses me había acostumbrado a mi visitante nocturno. No confundan esto con una amistad sobrenatural, yo detestaba la cosa. Aún le temía sobremanera, ya que casi podía sentir sus deseos y su personalidad, si se le puede llamar así; una llena de un odio perverso y retorcido que me anhelaba, tal vez de entre todas las cosas.

Mis mayores temores se hicieron más patentes durante el invierno. Los días eran cortos, y las noches más largas proveían a ese desgraciado de más oportunidades. Fue un tiempo difícil para mi familia. Mi abuela, una mujer maravillosamente amable y gentil, se había deteriorado grandemente desde la muerte de mi abuelo. Mi madre estaba haciendo todo lo posible para mantenerla en su vecindario, pero la demencia es una enfermedad degenerativa y cruel, despojando a la persona de sus recuerdos un día a la vez. Pronto ella dejó de reconocernos, y quedó claro que tendría que ser trasladada de su casa a un hogar de ancianos.

Antes de que pudiéramos moverla, mi abuela tuvo unas noches particularmente difíciles y mi madre decidió que se quedaría con ella. Por mucho que amaba a mi abuela y no sentía más que angustia por su enfermedad, hasta el día de hoy me siento culpable de que mis primeros pensamientos no fueran sobre ella, sino de lo que mi visitante nocturno me podría hacer en caso de que se percatara de la ausencia de mi madre; su presencia siendo lo único de lo que estaba seguro que me protegía de todo el horror que esa cosa podría llegar a hacerme sentir.

Me apuré a mi casa después de la escuela ese día, y de inmediato quité las sábanas y el colchón de la cama de abajo, colocando sobre las tablillas un viejo escritorio, una cajonera y algunas sillas. Le dije a mi padre que estaba «haciendo una oficina», lo que encontró adorable, pero ni en broma le daría a esa cosa un lugar para dormir por otra noche más.

Cuando la oscuridad se acercaba, no sabía qué hacer. Mi único impulso fue el de recoger del joyero de mi mamá un crucifijo pequeño que había visto antes allí. Aunque mi familia no era muy religiosa, a esa edad yo todavía creía en Dios y tenía la esperanza de que de alguna manera eso me protegería. A pesar de mi miedo y ansiedad, mientras apretaba el crucifijo debajo de mi almohada con una mano, el sueño eventualmente llegó. Esperé despertarme por la mañana sin mayor incidencia; desafortunadamente, esa noche fue la más terrorífica de todas.

Me desperté gradualmente. La habitación estaba una vez más a oscuras. En lo que mis ojos se acostumbraban empecé a distinguir poco a poco la ventana y la puerta, las paredes, algunos juguetes en un estante y… Incluso hasta el día de hoy me estremezco al pensar en ello, pues no había ningún ruido. Ninguna agitación de las sábanas. Ningún movimiento en absoluto. La habitación se sentía sin vida. Sin vida, mas no vacía.

Mi visitante nocturno, esa desagradable y sibilante cosa llena de odio que me había aterrorizado noche tras noche, no estaba en la cama de abajo, ¡estaba en mi cama! Abrí la boca para gritar, pero no emití palabra. El terror absoluto había suprimido el sonido de mi voz. Me quedé inmóvil; si no podía gritar, no quería hacerle saber que estaba despierto.

Hasta ese momento no lo había visto, sólo podía sentirlo. Se ocultaba bajo mi sábana. Podía ver su contorno, y podía sentir su presencia, pero no me atreví a mirar. Su peso recaía sobre mí, una sensación que nunca olvidaré. Cuando digo que las horas pasaron, no exagero. Acostado allí inmóvil, en la oscuridad, horrorizado.

El miedo a veces puede desgastarte, hacerte un manojo de nervios, dejando sólo el más mínimo rastro de ti detrás. ¡Tenía que salir de esa cama! Entonces lo recordé, el crucifijo. Mi mano todavía estaba debajo de la almohada, pero no tenía nada. Lentamente tanteé alrededor para encontrarlo, minimizando lo mejor que pude el sonido y las vibraciones que causaba, pero no lo pude encontrar. O lo había tirado de la cama, o… ni siquiera podía concebirlo: lo habían tomado de mi mano.

Sin el crucifijo perdí toda noción de esperanza. Incluso a una edad tan joven, puedes estar bastante consciente de lo que es la muerte, e intensamente asustado de ella. Sabía que iba a morir en esa cama si me quedaba allí, pasivo, expectante, sin hacer nada. Tenía que salir del cuarto, pero ¿cómo? ¿Debía saltar de la cama y esperar que llegara a la puerta a salvo?, ¿qué si era más rápido que yo? ¿O debería arrastrarme lentamente fuera de la cama, esperando no despertar a mi compañero de litera?

Al darme cuenta de que no hizo nada cuando me moví tratando de encontrar el crucifijo, empecé a tener las ideas más extrañas.

¿Y si estaba dormido?

Ni siquiera había respirado desde que me desperté. Tal vez estaba descansando, creyendo que finalmente me poseía. Que finalmente estaba en sus garras. O quizá estaba jugando conmigo, después de todo eso es exactamente lo que había hecho por incontables noches, y ahora que estaba debajo de ello, apretado contra mi colchón sin una madre que me protegiera, tal vez sólo lo estaba posponiendo, saboreando su victoria hasta el último momento posible. Como un animal salvaje saboreando su presa.

Traté de respirar tan superficialmente como me fue posible, y reuniendo cada gramo de coraje que pude, comencé a levantar la sábana con la mano derecha. Lo que encontré bajo esas cubiertas casi detuvo mi corazón. No lo vi, pero en lo que mi mano movía la sábana, rozó algo. Algo suave y frío. Algo que sin lugar a dudas se sentía como una mano delgada.

Contuve la respiración, asustado, pues ahora estaba seguro de que sabía que estaba despierto.

Nada.

No se movía, parecía… muerto. Tras unos momentos llevé la mano un poco más adentro de la sábana y sentí un antebrazo delgado y mal formado; mi confianza y curiosidad casi mórbida creció en tanto me movía hacia un bíceps desproporcionadamente grande. El brazo estaba estirado, acostado sobre mi pecho, con la mano apoyada en mi hombro izquierdo, como si me hubiera agarrado mientras dormía. Entendí que tendría que mover ese apéndice cadavérico si quería escapar de sus garras.

Por alguna razón, la sensación en el hombro de mi ropa siendo arrugada por ese invasor de la noche me detuvo en seco. El miedo una vez más se acumuló en mi estómago y en mi pecho, mientras retiraba mi mano con disgusto por el tacto de cabello desarreglado y grasoso.

No me atrevía a tocar su cara, pero hasta el día de hoy me pregunto cómo se habría sentido.

Dios santo, se movió.

Se movió. Fue sutil, pero su agarre en mi hombro y a lo largo de mi cuerpo se hizo más fuerte. No hubo lágrimas, pero por Dios que quería de llorar. Mientras su mano y brazo se enrollaban en mí, mi pierna derecha tocó la pared que estaba contra la cama. De entre todo lo que me pasó en esa habitación, esto fue lo más extraño. Me di cuenta de que la rancia y sofocante cosa que obtenía gran placer de violar la cama de un niño, no estaba enteramente encima de mí. Estaba saliendo de la pared, como una araña cazando desde su guarida.

De pronto, su agarre pasó de un apretón leve a un estrujón repentino; me jaló y arañó mi ropa, como asustado de que su oportunidad pasara. Opuse resistencia, pero su brazo esquelético era demasiado fuerte para mí. Su cabeza se alzó, retorciéndose bajo la sábana. Ahora comprendía hacia dónde era que me estaba llevando, ¡a la pared! Luché por mi vida, lloré y de pronto mi voz había regresado, gritando, pero nadie vino.

Entonces supe por qué estaba tan ansioso, por qué tenía que poseerme en ese instante. A través de mi ventana, esa ventana que parecía representar tanta maldad desde afuera, nacía esperanza: los primeros rayos de sol. Seguí luchando, sabiendo que de aguantar un poco más, se iría. Mientras luchaba por mi vida, el parásito sobrenatural cambió de táctica, acercándose poco a poco a mi pecho, con su cabeza ahora asomándose por debajo de las sábanas, sibilante, tosiendo, jadeando. No recuerdo sus facciones, simplemente recuerdo su aliento contra mi rostro, fétido y tan frío como el hielo.

A medida que el sol apareció en el horizonte, ese lugar oscuro, ese cuarto asfixiante fue purificado, bañado por la luz solar.

Me desmayé cuando sus dedos flacos rodearon mi cuello, sacando la vida de mi cuerpo.

Fui despertado por mi padre ofreciéndome desayuno, ¡una vista en efecto maravillosa! Había sobrevivido a la experiencia más horrible de mi vida hasta ese momento, y ahora. Despegué la cama de la pared, retirando asimismo los muebles que creí que harían desistir a esa cosa de tomar una cama. Poco sabía que intentaría tomar la mía… y a mí.

Nunca le conté a nadie esta historia. Hasta el día de hoy, aún me despierto cubierto en sudor frío al sonido de las sábanas revolviéndose, o un jadeo causado por un resfriado; y ciertamente nunca duermo con la cama contra la pared. Llámenlo superstición si quieren, pues como he dicho, no puedo descartar explicaciones convencionales, tales como parálisis del sueño, alucinaciones o una imaginación demasiado activa, pero puedo decir esto: al siguiente mes mis padres me dieron su habitación en el otro extremo de la casa y ellos tomaron ese extrañamente sofocante pero alargado lugar como su dormitorio. Me dijeron que no necesitaban una habitación espaciosa, sólo una lo suficientemente grande como para alojar una cama y algunas otras cosas.

Duraron diez días. Nos mudamos al onceavo.


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El 3 de julio de 1971, el cantante estadounidense fue encontrado muerto en la bañera de su departamento en París.



Jim Morrison fue un poeta, compositor y cantante estadounidense, célebre por ser el vocalista del influyente grupo de rock psicodélico The Doors, cumple el día de hoy 42 años de muerto.

James Douglas Morrison Clarke (su verdadero nombre), conocido también como "El Rey Lagarto" está clasificado como número 47 en la lista de "Los 100 mejores cantantes de todos los tiempos" en la revista Rolling Stone.

La mañana del 3 de julio de 1971, Jim Morrison fue encontrado muerto en la bañera de su departamento en París, tenía 27 años.

Al parecer su muerte fue provocada por una sobredosis de heroína, a la que según, no era adicto.

Miles de seguidores en todo el mundo recuerdan un año más la muerte del cantante, poeta y cineasta, nacido el 8 de diciembre de 1948, en Florida, Estados Unidos.

Además y como cada año, una gran cantidad de personas acudirán a su tumba ubicada en el panteón Pere Lachaise, en París.

Morrison fue una pieza clave en el grupo The Doors, logrando colocar grandes éxitos en la historia del rock como El Blues de la Cabaña, Ámala dos Veces, Ámala Locamente, Jinetes en la Tormenta y muchos más, que a la fecha siguen escuchándose tanto en las versiones originales como en la interpretación de otras agrupaciones que hacen tributo a la leyenda musical.

domingo, 30 de junio de 2013


Francisco "casa tia" Narcorvaez Sacarìa un 80% de los votos de la clase Media-Alta



Tres sondeos marcan una diferencia inicial de 7 a 10 puntos entre el intendente de Tigre y el de Lomas de Zamora





Los relevamientos fueron realizados en los apenas primeros cinco días posteriores al anuncio de las principales candidaturas. Y tanto los consultores que los efectuaron como los políticos relevados advierten que son números que deben tomarse "con cautela" porque "las campañas recién se están poniendo en marcha y seguramente incidirán fuertemente en la intención de voto". Pero lo cierto es que las tres encuestas realizadas en esta primera semana coinciden en mostrar que en la carrera bonaerense por las bancas de la Cámara de Diputados de la Nación que se renuevan este año, Sergio Massa arrancó con una clara ventaja, mientras el segundo lugar corresponde al primer postulante del oficialista Frente para la Victoria, Martín Insaurralde.

Es que estas mediciones, con un caudal de indecisos que oscila entre los ocho y 14 puntos según los sondeos, muestran al intendente de Tigre y líder del Frente Renovador que debutará en estos comicios captando una intención de voto en torno del 35%, mientras que la cosecha del intendente de Lomas de Zamora, al frente de la nómina de candidatos del FpV, oscila entre el 25 y el 28%.

Las mismas encuestas muestran a Francisco De Narváez y Margarita Stolbizer -al frente de las nóminas de Unión para la Libertad y el Frente Progresista, respectivamente- con cosechas que van del 12 al 15% y que, según los distintos sondeos, los ubican alternativamente en tercer o cuarto lugar.

Frente a estas mediciones de la intención de voto en la Provincia, los analistas señalan que la evolución de estas primeras tendencias dependerá también de otras variables que surgen de los relevamientos.

Destacan, en ese sentido, que Insaurralde arrancó la competencia con un nivel de desconocimiento cercano al 60% del electorado y su cosecha inicial, como candidato del Gobierno, refleja que el kirchnerismo mantiene en la Provincia un núcleo duro de adhesión próximo a los 30 puntos.

Massa, en cambio, tiene un nivel de desconocimiento ya algo inferior al 20% del electorado y arranca con una imagen positiva de 59 puntos, aunque aún le falta sentar posición pública sobre los temas que estarán en la agenda de discusión electoral.


Un joven podría pasar 8 años en la cárcel por un comentario en Facebook




Un joven de Texas podría pasar ocho años en la cárcel por un comentario sarcástico hecho durante una partida del juego 'League of Legends' en Facebook. Fue acusado de "amenazas terroristas".

El muchacho, Justin Carter, tenía 18 años cuando el febrero pasado a través de la red social entró en una disputa con su amigo que le calificó como "loco". Carter respondió con lo siguiente: "Voy a disparar en una escuela repleta de niños y comeré sus corazones aun latiendo". Sus palabras provocaron el interés de una ciudadana de Canadá que, después de hacer una breve pesquisa en Google y verificar que Carter vivía cerca de una escuela, denunció su comportamiento a las autoridades.

El joven fue detenido en febrero, acusado en marzo y se enfrenta a ocho años de cárcel por su comentario. Se espera que el proceso se lleve a cabo en julio.

Mientras tanto, sus padres han puesto en marcha una campaña para salvar a su hijo. El padre dice que la Policía no encontró armas en su casa y sólo confiscaron la computadora del adolescente, que, según él, no era consciente de las implicaciones de sus comentarios en Facebook.

La madre, Jennifer Carter, ha iniciado una petición en el sitio web change.org para "cambiar los criterios de investigación acerca de las leyes que mencionan las amenazas terroristas". La petición ya ha recolectado 8.118 firmas y necesita otras 6.000.