viernes, 21 de junio de 2013




Un escritor estadounidense de 27 años hizo la prueba y se desconectó de la red durante todo ese tiempo y contó sus lecciones y vivencias en un diario. Además, detalla los pros y los contras del "celibato digital".

¿Cómo sería tu vida sin conexión a Internet? ¿Te imaginás dejar de ver qué hacen tus amigos en Facebook ni actualizar tu estado durante un año? ¿Qué harías sin You Tube, sin Twitter, sin los diarios on line? Un escritor estadounidense de 27 años hizo la prueba: se desconectó de Internet durante un año y contó paso a paso sus vivencias.

Antes de comenzar este curioso experimento, Paul Miller pensaba que Internet le estaba arruinando la vida: entre una sucesión de correos electrónicos y una avalancha de tweets, sintió que debía parar con eso. Y así fue, el 1 de marzo 2012 se desconectó por completo. Se comprometió a vivir sin Internet durante un año: no tendría Wi-Fi, ni teléfono inteligente, ni cuenta en una red social.

Durante ese tiempo, "aprendió que la vida offline no era todo lo que pintaban. Y también se dio cuenta que la vida on line no era lo que le impedía ser productivo o creativo. Sus defectos eran suyos", explica una nota del diario Daily Mail.

Los primeros tiempos de esta aventura fuera de las redes no pudieron ser mejores: adelgazó, escribió medio libro en unas semanas, leía mucho, hacía ejercicio y su aspecto había cambiado positivamente y las personas a su alrededor no dejaban de notarlo.

Pero los días transcurrieron y el experimento empezó a decepcionarlo: "Las razones más profundas de la mayoría de mis problemas realmente no tienen que ver con Internet, sino que sólo se manifiestan de forma diferente en línea y fuera de ella", escribió Miller, ex editor del blog Engadget, en una nota para el sitio The Verge, donde narra cómo le fue con su experiencia y donde compartió con los lectores actualizaciones acerca de su "celibato digital".

"Se suponía que tendría que ser más iluminado, más 'real', ahora. Más perfecto", decía Paul. Su desilusión tenía que ver con que, hacia fines de año, ya había abandonado sus hábitos "positivos": se volcó al "consumo pasivo" y al retraimiento social. "Son las 8 de la noche y recién me despierto. Dormí todo el día, me desperté con ocho mensajes de voz de amigos y colegas", contó en pleno experimento.

Después de un año de prueba, Paul concluyó que sus malos hábitos no se vinculaban únicamente con el excesivo uso de Internet, sino que se relacionan con la rutina y con una vida algo automatizada, con o sin mundo on line.

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